Qué es la Pastoral Familiar

La Pastoral Familiar es una de las acciones que desarrolla la Iglesia, para apoyar a las familias en el cumplimiento de su misión, a partir de la propia experiencia de comunión familiar y de comunidad salvada y salvadora.

Al hablar de la Pastoral Familiar, es oportuno recordar que “La alianza matrimonial por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo nuestro Señor, a la dignidad de sacramento entre bautizados”. ( CIC, N. 1055 párrafo 1)

La Revelación expresa que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, es la pareja humana, e incluye a la mujer y al varón (Gen 1,26ss). Sin embargo, el pecado original causó estragos en la humanidad naciente; por esto afectó las relaciones familiares.

No obstante lo anterior, en el Antiguo Testamento, se encuentran matrimonios dignos de ser admirados: hogares unidos por un amor profundo
(1Sam. 1,8), fidelidades que duran más allá de la muerte (Jdt. 16,22), y enseñanzas sabias sobre el lugar de la mujer en el matrimonio (Prov. 31, 10-31).

El mismo Dios es el autor del matrimonio, por esta razón la Iglesia ve en la comunidad conyugal y familiar la posibilidad de la salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana.

Como Iglesia hemos heredado del Señor y conservamos una doctrina sobre el matrimonio, en la que sobresalen sus propiedades: la unicidad y la indisolubilidad y sus fines: la procreación y la ayuda mutua.

La Iglesia, siempre preocupada por mantener y fomentar los valores humanos y cristianos, que dan cohesión e identifican a la familia cristiana fundada en el matrimonio, no deja de trabajar y preocuparse a ejemplo de Jesús el Buen Pastor por esta institución.

Los agentes de Pastoral Familiar son, ante todo, la familia como objeto y sujeto de esta pastoral (GS n.49), el Obispo como primer responsable de la diócesis; los presbíteros colaboradores del Obispo, los diáconos y todos los seglares y miembros de la vida consagrada.

La vida espiritual compartida por los esposos y la ayuda mutua, encuentran su mejor apoyo en la práctica del sacramento de la Reconciliación, en la participación de la Eucaristía, en la oración en familia y en las obras de caridad (Ecclesia in America n. 46).

El Santo Padre ha querido recordarles a los esposos que ellos también son partícipes de la vocación universal a la santidad. El llamado a la santidad implica asumir el compromiso bautismal y vivir el Sermón de la Montaña.

Con relación al tema de la procreación, las familias mismas deben ser cada vez más conscientes de las exigencias de una paternidad responsable que esté de acuerdo con el magisterio de la Iglesia; de la atención debida a los hijos y participar más en la Iglesia y en la sociedad civil para promover sus derechos
(NMI n. 47).